miércoles, 18 de noviembre de 2009

Arte prehistórico




Venus de Willendorf. Naturhistorisches Museum, en Viena. Es la representación de la fertilidad a través de el exceso de sus miembros, se cree que pudo haber sido utilizada en rituales para la cosecha y esta elaborada en piedra cáliza y pintada de color rojizo.




El arte en la prehistoria es un muestra impresindible de como las primeras sociedades asociaban dos elementos importantes para sus vidas como lo eran la religión y las actividades diarias, como lo eran la agricultura, la caza o la recolección de alimentos, así que me doy a la tarea de mostrarles la siguiente información sobre lo que fue el arte de los primero seres humanos.



Introducción


El arte prehistórico abarca todas las formas artísticas desarrolladas durante la Prehistoria: Paleolítico, Mesolítico y Neolítico.
Este arte tiene en Occidente sus comienzos aproximadamente sobre el año 25.000 a.C., a principios del Paleolítico Superior, aunque hay muestras de manifestaciones artísticas anteriores propias de la etapa Musteriense del Paleolítico Medio.
Alcanza sus momentos de mayor importancia durante el período Magdaleniense, hacia unos 15.000 a.C. Tienen gran importancia las manifestaciones artísticas de tipo figurativo: pintura y escultura.
Pintura rupestre
Escultura prehistórica o arte mobiliar


Ritos y magia en el arte prehistórico


Durante mucho tiempo se tendió a considerar que las manifestaciones artísticas de los hombres primitivos debían tener un sentido práctico. Además, las pinturas rupestres se hallan en cuevas de difícil acceso, y la estatuaria que nos ha llegado pertenecen a dioses votivos.
Se considera que el hombre primitivo, siempre ha tenido fuertemente arraigado en su vida un omnipotente sentido mágico, con el que ha pretendido dominar las fuerzas naturales adversas, o potenciar las favorables. La magia es la forma que tenía el hombre de enfrentarse a esas fuerzas naturales y ponerlas a su servicio. Los hombres primitivos creían, que poseyendo el símbolo o la representación de las cosas, se poseía la misma cosa.
Pero la pintura prehistórica no narra, nuestra la realidad inmediata al ser humano, aquella que el hombre necesita dominar para poder subsistir. No hay nada de superfluo en la pintura, es consecuencia de la necesidad más que del disfrute. No se encontró mejor explicación que atribuir la presencia de arte a la presencia de ritos religiosos, y en la medida en que la religión prehistórica pretende el favor de los dioses a la magia.
Hoy en día eso no está tan claro. El arte aparece con los hombres modernos, el cromañón, que según Juan Luis Arsuaga se diferencian de los neandertales, fundamentalmente, en su capacidad simbólica, la cual le permite crear sociedades más complejas, lo que les dará una ventaja decisiva en el mismo nicho ecológico A la larga el neandertal se extinguiría. Esta capacidad de crear símbolos, como adornos, permiten a los cromañones reconocerse entre sí en cualquier parte y circunstancia, y ayudarse en caso de necesidad. El adorno identifica al individuo como perteneciente a la misma especie y a la misma cultura. Es de suponer que la mayor parte de este arte estuviera hecho con materiales biodegradables, por lo que han desaparecido, y sólo nos han llegado los que estaban hechos en materiales más duraderos (piedra y metal) y los más protegidos de las inclemencias del tiempo (pinturas rupestres).


Pintura rupestre.



Una pintura rupestre es todo dibujo o boceto prehistórico existente en algunas rocas y cavernas. El término «rupestre» deriva del latín rupestris, y éste de rupes (roca), aunque también es sinónimo de primitivo. De modo que, en un sentido estricto, rupestre haría referencia a cualquier actividad humana sobre las paredes de cavernas, covachas, abrigos rocosos e, incluso farallones o barrancos, etc. Desde este aspecto, es prácticamente imposible aislar las manifestaciones pictóricas de otras representaciones del arte prehistórico como los grabados, las esculturas y los petroglifos, grabados sobre piedra mediante percusión o erosión. Al estar protegidas de la erosión por la naturaleza del soporte, las pinturas rupestres han resistido el pasar de los siglos.
Se trata de una de las manifestaciones artísticas más antiguas de las que se tiene constancia, ya que, al menos, existen testimonios datados hasta los 40.000 años de antigüedad, es decir, durante la última glaciación. Por otra parte, aunque la pintura rupestre es esencialmente una
expresión espiritual primitiva, ésta se puede ubicar en casi todas las épocas de la historia del ser humano y en todos los continentes exceptuando la Antártida. Las más antiguas manifestaciones y las de mayor relevancia se encuentran en España y Francia. Se corresponden con el periodo de transición del Paleolítico al Neolítico. Del primero de los periodos citados son las extraordinarias pinturas de la Cueva de Altamira, situadas en Santillana del Mar, Cantabria (España).
Estas pinturas — y las otras manifestaciones asociadas — revelan que el ser humano, desde tiempos prehistóricos, organizó un sistema de representación artística, se cree, en general, que se halla relacionado con prácticas de carácter mágico-religiosas para propiciar la caza. Dado el alcance cronológico y geográfico de este fenómeno, es difícil, por no decir, imposible, proponer generalizaciones. Por ejemplo, en ciertos casos las obras rupestres se dan en zonas recónditas de la cueva o en lugares difícilmente accesibles; hay otros, en cambio, en los que éstas están a la vista y en zonas expeditas y despejadas. Cuando la decoración está apartada de los sitios ocupados por el asentamiento se plantea el concepto de santuario cuyo carácter latente subraya su significado religioso o fuera de lo cotidiano. En los casos en los que la pintura aparece en contextos domésticos es necesario replantear esta noción y considerar la completa integración del arte, la religión y la vida cotidiana del ser humano primitivo.

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